El Poder de la Sonrisa

Pocas cosas son tan fascinantes como el poder de la sonrisa.

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Lo tengo comprobado. Sonreír es probablemente la actividad con mayor retorno esfuerzo-compensación del mundo. Es decir, que no supone prácticamente ningún esfuerzo, y la compensación que obtenemos a cambio es enorme.

Básicamente, existen dos tipos de sonrisa: la sonrisa involuntaria, o natural (genuina), y la sonrisa voluntaria, o forzada. La clave para distinguirlas, además de por el contexto, está en los ojos. Cuando la sonrisa es natural, los ojos adquieren una expresión particular, principalmente  porque se arrugan los contornos de los ojos, y se contraen los músculos de la zona. Cuando la sonrisa es forzada, eso se nota, y no reaccionamos de  misma manera porque en cierto sentido detectamos la hipocresía. Esta sonrisa, lejos de producir el efecto deseado, podría llegar a producir incluso el efecto contrario, provocando un cierto rechazo en nuestro interlocutor. Pero centrémonos en la sonrisa natural.

El poder de la Sonrisa genuina

Se llama genuina porque supuestamente está provocada por una reacción involuntaria que nos provoca un momento de felicidad. Se dice que el cerebro tarda 10 ms en asimilar ese momento de felicidad y provocar la sonrisa en nuestro rostro. Es pues tan rápido, que se tarda menos que en provocar una sonrisa forzada.  La magia de la sonrisa está en la conexión que establecemos con nuestro interlocutor.

Por un lado, nosotros. Al sonreír, nuestro cerebro libera endorfinas. Las endorfinas son unas hormonas que se segregan en nuestro cerebro que producen un efecto analgésico en nuestro cuerpo, reduciendo el dolor físico y aumentando nuestra sensación de bienestar. Por ejemplo, liberamos endorfinas cuando hacemos deporte, comemos chocolate, o practicamos sexo.

Y ahora viene lo bueno. El poder de la sonrisa radica en que es contagiosa. De hecho, un estudio (ahora mismo no tengo la referencia, pero seguro que está por ahí) demostró que en un grupo de varias personas sin un nexo común, en cuanto un sujeto sonreía, su sonrisa se contagiaba a dos personas de su alrededor, y así sucesivamente, hasta que la mayoría del grupo acababa sonriendo.

Así pues como hemos visto, por un lado al sonreir liberamos endorfinas, y por otro nuestra sonrisa en contagiosa. Entonces, básicamente con una sonrisa somos capaces de generar felicidad y bienestar en nuestro interlocutor. Imaginaros entonces el poder que puede tener esto. Con un simple movimiento de nuestros músculos faciales, podemos hacer feliz al prójimo, aunque sea por unos instantes…

Haz la prueba

Inténtalo. Prueba a empezar cada diálogo, cada conversación con una sonrisa. Cuando vayas a lidiar con la administración, cuando vayas a comprar el pan, o el periódico, hazlo sonriendo. Te sorprenderá ver que tu interlocutor responderá en el 99% de los casos con otra sonrisa. Sentirás que se establece una conexión entre vosotros, y a partir de ahí, todo será más fácil. Imagina el poder de la sonrisa en el trabajo, o en tu vida profesional. Trata de sonreír, y verás como todo te sale a pedir de boca.

¿Dónde está el truco entonces? Porque siempre hay un truco… Pues el truco está en que la sonrisa, para ser contagiosa, ha de ser lo más genuina posible. ¿Y esto cómo se consigue? Pues como era de esperar, forma parte de nuestro “trabajo” de buscar la felicidad. Otro día trataré de escribir una entrada sobre las cosas que nos hacen sonreír.

 

¿Y tú, qué opinas?

 

4 opiniones en “El Poder de la Sonrisa”

  1. Soy un nuevo lector de tu blog, y debo decirte que me encanta.
    Quiero agradecerte por haber escrito cada una de estas entradas, pues estoy seguro de que, al igual que a muchos más, me serán de ayuda en estos momentos tan extraños y complicados que me tocó vivir.
    De verdad, gracias por esto, tan sólo este artículo me sacó innumerables sonrisas.
    ¡Saludos desde México! 😀

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