El Dinero No da la Felicidad Pero Su Falta Te Puede Privar de Ella

Sigo hablando de dinero y felicidad. Cuántas veces habremos oído eso de que el dinero no da la felicidad.

Es cierto, no la da, pero como dice un amigo, te da una sensación que se le parece mucho, y te permite comprar todo aquello que sí te la proporciona.

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Bromas aparte, yo sí creo firmemente que el dinero no da la Felicidad. O al menos no toda. Debemos pensar que el dinero es un medio para ser Felices, no un fin es sí mismo. El dinero por sí solo no proporciona felicidad. La Felicidad está en otras cosas, y tener más dinero no nos garantiza que seamos más felices.

“Hay gente que es tan pobre, que sólo tiene dinero”

 

Ahora bien, por otro lado también es cierto que el no tener dinero suficiente (por debajo de un límite de subsistencia), nos puede generar angustia y presión para mantenernos a nosotros mismos o mantener a nuestra familia. No olvidemos que, evidentemente, todos tenemos unas necesidades básicas para vivir. Por tanto, el dinero no da la Felicidad pero su falta nos puede privar de ella.

Así pues, creo que es necesario disponer de un mínimo para a partir de ahí poder empezar a plantearnos el cubrir otras necesidades. Pero creedme, ese mínimo es mucho menos de lo que podríamos imaginar en un principio. Si alguien ha viajado a países del tercer mundo o en vías de desarrollo, habrá podido observar como en determinadas culturas, aun en situación de extrema pobreza, la gente es feliz con lo que tiene.

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Vale, pero… ¿y en Occidente?

Ante esta reflexión es lógico hacerse la siguiente reflexión: “vale, pero en muchos países pobres no tienen siquiera la posibilidad de tener bienes materiales y no hay tanta desigualdad. Yo vivo en Occidente, y aquí, si no tienes dinero, te quedas fuera de la sociedad y del círculo de la Felicidad”.

Pues bien, mi respuesta ante esto es la siguiente: hay estudios que demuestran que el dinero puede comprar la felicidad, sólo hasta un cierto límite, por encima del cual, más dinero ya no aporta más Felicidad. Estos estudios vienen a decir que existe una fuerte correlación entre el nivel de ingresos y la Felicidad de las personas, hasta un salario máximo. Más allá de este techo, la correlación desaparece. Este techo, en Estados Unidos, está en $75,000 anuales.

Es decir, que una persona que gana $75,000 al año en Estados Unidos es mucho más feliz que una que gana $20,000. Esto se explicaría por la necesidad de cubrir ciertas necesidades básicas, y la obtención de ingresos que garantizan nuestra tranquilidad para subsistir. Sin embargo, una persona que gana $120,000 al año es poco más feliz que una que gana $75,000. Por tanto, parece ser que el dinero no da la Felicidad, aunque sí que es cierto que es necesario un mínimo para poder aspirar a ella.

El Dinero No Se Puede Comer

En la última entrada, lanzaba una reflexión rápida sobre nuestra condena acerca de la búsqueda de la Felicidad. Venía a decir que a medida que evolucionamos como sociedad, la Felicidad va a ser cada vez más difícil de encontrar, ya que ésta está relacionada con nuestra culminación de objetivos y aspiraciones. Y como cada vez somos más insatisfechos por naturaleza, ya que vamos subiendo escalones en la pirámide de Maslow, cada vez es más difícil sentirnos realizados, y por tanto cada vez es más difícil ser felices.

Es como en la fiebre del oro. Los primeros exploradores lo tenían facilísimo para encontrar grandes pedruscos, pero a medida que fueron llegando más y más y se fueron agotando, cada vez era más difícil encontrar pepitas en los ríos.

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Pues bien, al hilo de esta reflexión, me he acordado de un poema indio precioso. Indio de América, no de India 😉

No habla exactamente de lo mismo, pero está muy relacionado.

“Solo después de que el último árbol sea cortado.

Solo después de que el último río sea envenenado.

Solo después de que el último pez sea apresado.

Solo entonces sabrás que el dinero no se puede comer.”

Este poema es una denuncia que tuvo lugar cuando las conquista del oeste por parte de los americanos. Ellos llegaron a una tierra rica y fértil, completamente salvaje, habitada por unos Indios tremendamente respetuosos con el entorno y la naturaleza. Los conquistadores sin embargo, eran salvajes que abusaban de todo lo que encontraban a su paso.

A medida que empezamos a agotar los recursos de la Naturaleza (por desgracia, se empezó entonces y aun se sigue haciendo), nos vamos dando cuenta de que vivimos en una sociedad en la que prima el beneficio económico, y que éste realmente no significa nada. el poema viene a decir que el dinero es sólo un trozo de papel que no tiene ningún valor, a diferencia de la vida y la riqueza de la Naturaleza.

La relación con la Felicidad es directa. No debemos preocuparnos en obtener cada vez más dinero, sino en valorar las cosas sencillas que nos rodean.

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La Felicidad en Nuestra Pirámide de Necesidades

Al hilo de la última entrada acerca de la zona de confort, me ha parecido importante hacer una pequeña reflexión sobre nuestra escala de valores a la hora de establecer nuestras necesidades para colmar nuestra propia felicidad.

Una de las claves de la Felicidad reside en nuestra capacidad de colmar nuestras aspiraciones y necesidades.

La idea básicamente es la siguiente: todos tenemos sueños, aspiraciones y metas. Si las cumplimos, nuestra felicidad aumentará; si no, nos frustraremos y seremos un poco más infelices.

Ahora bien, ¿nuestras aspiraciones y necesidades están valoradas adecuadamente? Lo que me lleva a hacerme esta reflexión es la idea de que a medida que nuestra sociedad evoluciona, nuestros sueños y aspiraciones se van haciendo cada vez más sofisticados. De modo simplista, nuestros antepasados neandertales se conformaban con poder comer cada día, no ser arrollados por un mamut, y cosas por el estilo. A medida que nuestra sociedad ha ido evolucionando, hay cosas que vamos dando por dadas (desgraciadamente aun no en todos los pueblos del planeta), y nuestras aspiraciones van ganando en complejidad.

¿Conocéis la pirámide de Maslow?

Esta teoría de 1943 viene a decir que conforme se van satisfaciendo necesidades más básicas (en la base de la pirámide) el ser humano se fija la necesidad de satisfacer deseos más elevados (el pico de la pirámide).

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Esta teoría, adaptada a la Felicidad, vendría a suponer que a medida que nuestra sociedad evoluciona en la pirámide, los objetivos, deseos y aspiraciones que nos fijamos, evolucionan. De este modo, lo que antes nos colmaba (haciéndonos felices), a medida que lo vamos dando por sentado, deja de satisfacernos, y para colmar nuestras necesidades y aspiraciones, debemos fijarnos objetivos más elevados, que de no cumplirse, redundarían en nuestra Felicidad.

Esto explicaría el por qué del estrés, la depresión y la infelicidad como males de nuestras sociedades más evolucionadas. Hace unos años, tener un trabajo estable era garantía suficiente de Felicidad. Hoy, y cada vez más, esto no basta. Ahora necesitamos estar motivados, sentirnos reconocidos en el trabajo, pensar que estamos obedeciendo a un objetivo mayor, haciendo el bien, un trabajo ético, impactando positivamente en la comunicad, etcétera…

¿Qué opináis? ¿Creéis que estamos abocados a una búsqueda cada vez más complicada de la Felicidad?

La Zona de Confort, ¿qué es?

En el último post hablaba de la zona de confort.

Éste es un término muy de moda en determinados contextos, particularmente entre emprendedores, otro de los términos que por cierto están de moda, gracias particularmente a la crisis. Básicamente, hace referencia al hecho de que, para tener éxito, es necesario llevarnos al límite de nuestras habilidades, cruzar esa frontera, y descubrir el universo de riqueza que se encuentra en lo que hoy nos es desconocido.

 

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¿Qué es la zona de confort?
La zona de confort es un concepto etéreo, ya que es totalmente subjetivo y depende de cada persona. Básicamente, se denomina así al conjunto de cosas que hacemos sin que nos suponga un esfuerzo considerable.

Imaginemos que tuviéramos que trazar unos límites a nuestras habilidades, a nuestra capacidad. Nos esforzamos en una tarea y profundizamos en ella, pero siempre dentro de lo que ya conocemos y de nuestra experiencia adquirida en el pasado, sin rebasar nunca el límite de nuestra propia destreza. Ese espacio, entre nosotros y el límite, sería nuestra zona de confort.

 

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Pongamos un ejemplo empresarial para ilustrar este concepto.

Imaginemos que somos panaderos. Somos unos expertos haciendo barras de cuarto estándar, de las de toda la vida. Las hacemos tan bien que somos capaces de hacerlas más rápido que nadie en el barrio, y por eso nuestro negocio funciona mejor que los demás. Un buen día, notamos que las ventas empiezan a bajar, y descubrimos que es porque el panadero de la competencia está vendiendo unos panes de cereales que a los clientes les encantan, porque son novedosos y están deliciosos.
Nosotros no sabemos hacer pan de cereales, porque nunca lo hemos hecho, así que llegados a este punto, se nos plantean dos posibilidades: seguir haciendo pan blanco, o aprender a hacer pan de cereales.
En este ejempplo, el pan blanco es nuestra zona de confort, es la habilidad que dominamos con destreza. El pan de cereales nos asusta, nos impone, dudamos de si seremos capaces de hacerlo. Es más, probablemente maldigamos un poco nuestra suerte, pensando que en qué mala hora al vecino se le ocurrió empezar a vender pan de cereales. ¡¡Con lo bien que nos iba!!

En esta situación, la realidad es que un gran porcentaje de los panaderos no saldrían de su zona de confort y seguirían haciendo pan blanco… Bien porque no confian en sus capacidades de adaptación, bien porque se aferran a un pasado exitoso, bien porque el miedo les paraliza… pueden ser muchas razones.

La realidad es que esta postura está abocada al fracaso. Además, es una postura totalmente equivocada, ya que si lo pensamos bien, ese mismo panadero ya tuvo que aprender en su día a hacer pan blanco.. y si lo consiguió, ¿por qué no lo iba a conseguir ahora?

Pongámonos ahora en el punto de vista del vecino panadero competidor. Antes él veía como, hiciera lo que hiciera, nunca conseguía levantar el negocio a base de vender pan blanco, porque su vecino trabajaba mejor y más rápido, fruto de su mayor experiencia. ¿Qué hizo entonces este panadero? Decidió él mismo innovar, hacer algo distinto, y tratar de sacar ventaja por otro lado. Le podría haber salido mal, y de hecho muy probablemente los primeros panes de cereales que hizo serían desastrosos, Pero a base de experiencia, consiguió posicionarse en el mercado.

¿Y cómo lo consiguió? Efectivamente, saliendo de su zona de confort.

La necesidad de salir de nuestra zona de confort

Aunque es pesado, díficil y aterrador necesitamos salir de nuestra zona de confort.

En nuestra zona de confort, no hay cabida para la sorpresa. Es terreno conocido en el que somos los amos. Lo malo de eso, son dos cosas.

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La primera, que en una zona en la que ya hay un amo, es difícil que sucedan cosas nuevas. Se establece un status quo que hace que la vida se estanque, impidiéndonos avanzar.

La segunda, que se merman nuestras propias capacidades. Al igual que si dejamos de hacer ejercicio, nuestros músculos se atrofian, si dejamos de ponernos a prueba constantemente para salir de nuestra zona de confort, nuestras habilidades se duermen.

Por eso, necesitamos ejercitarlas continuamente. Necesitamos ponernos a prueba, rebasar nuestros límites. Salir de nuestra zona de confort.

La Importancia de Quemar las Naves

Se dice que cuando los españoles estaban por conquistar México a las órdenes de Hernán Cortés (hablamos del año 1519), un grupo de soldados trató de desertar en un momento dado, y abandonar la guerra para regresar a Cuba. No lo consiguieron, y Cortés se enfureció tanto que tomó represalias. A los desertores los mandó ahorcar, y después mandó quemar y hundir los barcos (las naves) para prevenir a los que quedaban la tentación de intentar huir de nuevo. Ya sin barcos, regresar a Cuba era imposible, por lo que sólo les quedaba una opción : la Conquista de México.

De este episodio nos ha quedado la expresión “Quemar las naves”.

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Este concepto puede ser muy importante para nuestra Felicidad, y debemos tenerlo presente a la hora de afrontar cualquier tipo de cambio.

El ser humano tiende a anclarse en lo cómodo, en lo conocido. ¿Quién no ha aplicado alguna vez el famoso refrán “más vale malo conocido que bueno por conocer”? Este anclaje es una medida de seguridad de nuestro cerebro, que inconscientemente tiene miedo de adentrarse en lo desconocido. Y las consecuencias negativas de esto son dos, aunque pueda parecer la misma no lo es, ya que hay un matiz que las diferencia.

Primero, nos impide avanzar. Esto es, no nos deja dar un paso hacia adelante, hacia nuestro cambio, hacia nuestro objetivo.

Segundo, nos invita a retroceder. Es decir, no sólo no nos deja seguir avanzando, sino que nos atrae hacia lo viejo, hacia lo que conocemos, a volver a nuestra zona de confort.

De ahí la importancia de “quemar las naves”. Metafóricamente hablando, las naves (los barcos), son nuestro billete hacia lo conocido, es aquello que nos permite retroceder, volver a donde estábamos. No es sólo un ancla que no nos deja avanzar, es que mientras las naves estén ahí, siempre vamos a tener la tentación de subirnos a ellas y dar marcha atrás. Aunque no vayamos a subirnos nunca a ellas, el mero hecho de que existan supone un anclaje en nuestro cerebro, que subconscientemente, siempre considera que tiene una opción, un escenario alternativo : la huida hacia atrás.

Sin embargo, al quemar las naves, estamos eliminando esa opción. Sin naves, hemos borrado esa alternativa de nuestro cerebro, que ya no nos repetirá desde el subconsciente que huir es una opción. Porque huir, habrá dejado de ser una opción. Y si ya no podemos ir hacia atrás, sólo nos queda ir hacia adelante, hacia nuestro objetivo.

Por eso, es importante que, cuando hemos tomado una decisión y estamos seguros de querer llevarla a cabo, eliminemos toda opción de dar marcha atrás. En cuanto quememos las naves, nos daremos cuenta de que estaremos más aliviados, liberaremos nuestra mente de la presión, y podremos avanzar libremente hacia nuestro objetivo.

“Cuando queremos movernos e ir hacia atrás no es una opción, sólo nos queda ir hacia adelante”

 

¿Y si ser Feliz Fuera tan Fácil…

… como romper un trozo de papel?

En este vídeo, vemos a un bebé partirse de risa mientras su padre rompe un papel en pedazos.

 

 

Dejemos de lado el debate sobre si es ético grabar a tu recién nacido en video y subirlo a Youtube. Tampoco me preguntaré si el chaval se ríe porque lo que rompe el padre son las facturas de la luz. Lo que me llama la atención del caso es que me lleva a hacerme una reflexión sobre qué es necesario para ser feliz.

Es indudable que el zagal es la persona más feliz del mundo simplemente viendo cómo se rompe un folio. Pero ¿os imagináis a vuestro jefe en la oficina, reaccionando así cuando rompéis un folio delante de sus narices? Evidentemente no. ¿Qué nos pasa cuando crecemos? ¿Por qué las cosas más simples ya nos nos llenan?

Yo creo que la respuesta en este caso está en la capacidad de sorpresa. Cuando algo nos sorprende (para bien), nos hace felices. Sin embargo, cuando ya lo hemos visto tantas veces que no existe la sorpresa, perdemos el interés, y por tanto, el entusiasmo.

Otra pregunta que cabría hacerse, es cual es la relación entre sorpresa y Felicidad. Puede ser un buen post para otro día, me la apunto…

 

La Suerte No Existe

 

Y digo que la suerte no existe por dos razones. Al menos en el sentido popularmente aceptado de “algo bueno ha sucedido por casualidad“.

Esta frase tiene para mí dos errores de concepto. Lo de bueno (generalmente la buena suerte se asocia a algo bueno que haya sucedido) y lo de por casualidad (la suerte para ser suerte tiene que ser inesperada, si no es así no hablamos de suerte sino de consecuencia de algo).

Empezaré por lo segundo, lo de “ha sucedido por casualidad”. Vamos a ver, las cosas suceden porque hay una serie de cosas que han sucedido previamente que hacen que luego los acontecimientos vayan por donde tengan que ir. Algún día escribiré sobre casualidad y causalidad, me la apunto. Vamos, que generalmente cuando a alguien le sucede algo “bueno” es porque ese alguien se lo ha currado antes para que sucediera. Rara vez sucede porque sí (aunque a veces ocurre por supuesto, por pura ley de probabilidades).

Y lo otro, por lo de “algo bueno”. Este tal vez es menos intuitivo que el primero, porque por lo general la gente suele estar de acuerdo en que hay cosas “buenas” y “malas”. Permitidme que lleve la contraria en esto.

Para mí, hay “cosas” y “cosas”. Vamos, que solo hay “cosas”. Que algo sea “bueno” o “malo” es por un lado relativo, y por otro incierto. Es decir, que como siempre, lo que para tí es bueno para mí puede ser malo. Pero más allá de eso. Lo que para tí es bueno HOY, puede ser malo MAÑANA. Entonces, ¿dirías hoy que es bueno su supieras que mañana podría no serlo?

Para ilustrar esto, dejadme que os cuente una historia que leí hace muchos años. Tal vez tuviera sólo 19 o 20 años, pero me impactó tanto que aún la recuerdo…

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Érase una vez un granjero que vivía con su hijo en una cabaña. El granjero tenía una cuadra con un caballo muy bueno, que utilizaba para trabajar la tierra. Un buen día, cayó una tormenta con un fuerte viento que derrumbó la verja de la cuadra y el caballo se escapó.

Cuando los vecinos se enteraron fueron corriendo a consolarle:

– ¿que harás ahora para trabajar sin tu caballo? Estás anciano y no podrás hacerlo sólo… ¡qué mala suerte has tenido!

A lo que el granjero respondió con un escueto:

– Sí, puede ser…

Al cabo de poco tiempo, el caballo regresó por su propio pie a la granja. Traía consigo 10 caballos más que se le habían unido en su periplo.

Cuando los vecinos se enteraron fueron corriendo a felicitarle:

-Enhorabuena, recuperaste tu caballo, y además ahora tienes una cuadra entera que podrás vender y criar, ¡qué buena suerte has tenido!

A lo que el granjero respondió con un escueto:

– Sí, puede ser…

Al poco tiempo, el hijo del granjero trataba de domar uno de los caballos salvajes que habían adoptado. Durante la monta, el caballo tiró al hijo al suelo, partiéndole la pierna.

Cuando los vecinos se enteraron fueron corriendo a consolarle:

– Ahora tu hijo no podrá ayudarte. Estás anciano y no podrás hacerlo sólo… ¡qué mala suerte has tenido!

A lo que el granjero respondió con un escueto:

– Sí, puede ser…

Al poco tiempo, estalló la guerra con un país vecino. El ejército recorrió el país de casa en casa reclutando jóvenes para alistarlos en el frente. Se llevaron a todos los hijos de los vecinos, pero al hijo del granjero no pudieron llevárselo por tener la pierna rota.

Evidentemente, todos los vecinos le decían que el granjero había tenido mucha suerte.

 

¿Adivináis lo que respondió el granjero?

 

 

Todo Tiene 2 Caras : Mira Siempre el Lado Positivo

Éste es un pequeño consejo que a mí me funciona y trato de aplicarlo siempre que puedo.

Seguro que muchas veces habéis oído alguna de estas frases:

“Todo depende del cristal con que se mire”

“El vaso se puede ver medio lleno o medio vacío”

“Hay que ver el lado positivo de las cosas”

 

Y un largo etcétera…

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Pues bien, os puedo asegurar que en mi opinión, TODAS SON VERDAD. Éstas y muchas más.

En serio, creo que todo, todo, tiene una doble lectura. Lo que a veces nos parece malo, con el tiempo acabo siendo bueno. Y a lo mejor al revés también puede ocurrir. Si no lo habéis leído, os aconsejo este post sobre la suerte ¿buena o mala?

Volviendo al tema. Todo tiene 2 caras. Esto es así. ¿Y por qué? Pues porque las verdades casi siempre son relativas. Entonces, si asumimos esto, ¿no seríamos más felices tratando de ponernos siempre en una situación que nos permita ver la situación como ventajosa?

Esto que digo no es nuevo, ni me lo invento yo. Esto que digo lo hace muchísima gente, incluso a veces sin darse cuenta. Desde la leyenda urbana que dice que para los chinos las crisis son oportunidades, hasta qué se yo, cien mil ejemplos más.

Ver el vaso medio lleno o medio vacío, es la diferencia entre la esperanza y la desesperanza. Es una cuestión de actitud, que nace de nosotros mismos. Donde algunos ven adversidades, otros ven retos. Una barrera no es un muro insalvable, es una prueba para demostrarnos a nosotros mismos que podemos hacerlo. Si un niño pensara como piensan muchos adultos, tal vez no pasaría del gateo y nunca llegaría a andar. ¿Os imagináis?

Superación, positivismo, esperanza, energía, afán de superación, algo casi perfecto. El vaso medio lleno.

Barreras, negativismo, desesperanza, apatía, falta de confianza, aún queda la mitad. El vaso medio vacío.

¿Con cual te quedas Tú?

 

Receta de la Felicidad Nº1 : El Cambio

Primer post de la serie “Las Recetas de la Felicidad”. Hoy, la Receta de la Felicidad Nº1 : la necesidad del cambio.

 

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Si algo no te gusta, cámbialo.

Si hay cosas en tu vida que no te hacen feliz, cámbialas.

Si crees que serías más feliz haciendo algo distinto, hazlo!

Esta receta de la felicidad es muy sencilla. En vez de lamentarte porque algo no te hace feliz, trabaja para corregirlo. Recuerda:

“La Felicidad depende de uno mismo”

 

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Muchas veces nos lamentamos de nuestra propia desgracia, y nos quejamos de que tal o cual cosa nos hace infelices. En lugar de lamentarnos, lo que tenemos que hacer es enfocar nuestros esfuerzos en cambiar la situación. La mayoría de veces, las cosas que nos suceden son consecuencia directa de nuestras acciones (ya lo comento en el post “La Suerte No Existe“). Aunque no lo creamos, o no nos veamos capaces, la posibilidad del cambio siempre está en nuestras manos. Es más, si nos obcecamos en que no es así, en que no podemos hacer nada para cambiar la situación, no sólo seguiremos siendo infelices, sino que además también nos angustiaremos con sensaciones como la impotencia, la incapacidad o el descontrol.

No. Hay que cambiar el chip. Cambiar nuestra vida depende de nosotros. Por algo es nuestra vida. ¿Acaso tiene sentido decir que mi vida está en tus manos? No, está en las mías y de nadie más. Si no es así, estaríamos viviendo en una esclavitud, y eso hace tiempo que se abolió. Por supuesto, siempre hay casos excepcionales, que esperemos que no se produzcan, pero en una situación de libertad, el cambio depende única y exclusivamente de nosotros mismos.

Entonces, ¿cuál sería la actitud correcta?

Supongamos que hay algo concreto en mi vida que me hace feliz. Por ejemplo, la partida de mus los domingos con mis amigos. Ese momento de desconexión de la semana, hablando de cosas banales y echando unas risas me llena enormemente. ¿Qué sentido tendría dejar de asistir a ese evento, sin ningún motivo? Ninguno, ¿verdad?

Análogamente, supongamos que hay algo que detesto. Por ejemplo, coger el ascensor si soy claustrofóbico. Si soy plenamente consciente de que subirme en un ascensor me aterra, subiré por las escaleras, ¿verdad?

Estos dos sencillos ejemplos ilustran una lógica aplastante en nuestra búsqueda de la Felicidad: si algo te hace feliz, manténlo; si algo te hace infeliz, cámbialo.

A mayor escala, debemos reproducir este comportamiento en todo lo que afecta a nuestras vidas.

Lo que es la Felicidad, y lo que no es

Sugerente pregunta para empezar el Blog, una pregunta que no tiene respuesta… Pero claro, ¿¿cómo voy a escribir un Blog sobre la Felicidad, sin ni siquiera definir lo que es la Felicidad??

Esta entrada probablemente sufra actualizaciones y modificaciones en el futuro, porque así ha de ser. ¿Y por qué ha de ser así?

Por un lado, por el concepto de evolución. Nosotros estamos en evolución permanente (o deberíamos estarlo). Por tanto, nuestro propio concepto de la realidad evoluciona, y con él, la percepción que tenemos sobre aquello que nos rodea, incluyendo la felicidad. Dicho de otro modo, hoy algo me hace feliz, mañana no tiene por qué ser así. Hoy puede que encuentre la felicidad en un bar con mis amigos, mañana puede que sea en casa con mis hijos.

Por otro lado, porque la Felicidad tiene infinitas caras, tantas como personas hay en el mundo. Lo que a mí me hace feliz, a tí no tiene por qué hacerte, y viceversa. Por tanto, es imposible definir algo que no tiene definición, pues no tiene una aceptación universal.

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Así pues, desgraciadamente, no creo que la Felicidad tenga una definición única. Pero en vez de ver esto como algo malo, démosle la vuelta a la tortilla y aprovechémonos para enriquecer nuestra propia definición de la Felicidad con lo que otras personas piensan que es.

Voy a ser el primero en mojarme:

“La Felicidad es aquello que no cambiarías por nada”

¿Por qué digo esto?

Pues porque si algo me hace feliz, no tendría motivos para cambiarlo, ¿o sí?

 

Una vez dicho esto, os copio algunas otras definiciones que me inspiran igualmente:

“La felicidad se alcanza cuando, lo que uno piensa, lo que uno dice y lo que uno hace están en armonía”. – Ghandi

“La Felicidad es saber conformarse con lo que se tiene”

“La felicidad es sencillamente buena salud y mala memoria”. Albert Schweitzer.